Monday, January 29, 2007

Maike

Conozco a Maike desde el 21 de noviembre de 1999, en una conferencia de A. Mockus que fue organizada por ella misma. Desde entonces, siempre me ha impresionado su forma pragmática de vivir la vida, su facilidad para relacionarse con cualquier persona y su visión de mundo, gracias a que ha tenido la suerte de viajar por todas partes desde pequeña.

Maike dejó Bogotá en el año 2002 para estudiar en Berlín y desde entonces la veo una o dos veces al año. Siempre hemos estado en contactacto y pendientes del otro pero la distancia siempre tiene efectos insuperables.

Despues de muchos años por fin pudimos vernos con calma (cuando venía a Bogotá siempre era a las carreras) durante todo un fin de semana. Maike llegó al aeropuerto de Bérgamo donde fui a recibirla y de ahí salimos a Milano. Estuvimos la mañana en en el centro, almorzamos panzerotti en Luini con mi prima Natalia (si algún día van a Milano, no lo dejen pasar por favor, la gente hace cola y todo!). Por la noche regresamos a Bologna donde le presenté a mis coinquilinos y caminamos un poco por el centro, pero estaba haciendo frío y preferimos reservarnos para el siguiente día. Fuimos perezosos y nos levantamos tarde, pero despues del medio día estábamos llegando a Venezia. Maike no la había visitado nunca y tuvimos suerte con el clima, hasta sol hizo. Camunamos sin cesar por este inmenso laberinto hasta que en la noche decidimos tomarnos un chocolate caliente (en Italia es muy espeso, como cholate fundido) y gracias a una conversación envolvemente no nos percatamos que teníamos solo 20 minutos para llegar a la estación de tren.

Ahí las callecitas, puentes y recovecos de Venezia pasaron a ser una pesadilla, pues para llegar debíamos seguir los carteles de las paredes que no siempre son claro y que no son fáciles de encontrar (en Venezia no hay mapa que valga). Pero llegamos justo a tiempo y regresamos a las 8pm a Bologna.

Al siguiente día por fin pude mostrarle a Maike la belleza de las calles y pórticos de Bologna. El día anterior, desde el autobus Maike se reía diciendo que la calle principal le acordaba a Neiva (ouch! pobre Bologna). Afortunadamente despues del recorrido que hicimos me confesó que no se había imaginado que Bologna fuera así. Subimos a la torre más alta de Bologna, la torre Anzinelli, que es más alta que la de Pisa. El panorama es impresionante y creo que en mi caso aún más puesto que he recorrido estas callecitas por más de 4 meses. En la tarde del lunes Maike volvió a Berlín y yo a mi cotidianidad. Maike está de acuerdo conmigo, tengo una muy buena vida acá, estoy muy bien organizado y rodeado, y me han crecido los cachetes! De esta visita me quedarán muchos recuerdos para la posteridad.

Thursday, January 18, 2007

Mi nueva vida bolognesa

Cambié de apartamento, ahora vivo con dos italianos -que no hablan inglés- de mi edad que se llaman Antonio y Giuseppe. Soy muy afortunado porque son amigables, organizados y comptaibles con mi forma de ser. Me han invitado a sus fiestas y comidas y he conocido a la mayoría de sus amigos.

Ahora tengo una vida independiente de la maestría, pues aunque mantengo algunos de los amigos que hice el año pasado, ahora vivo una vida más cercana a la cultura italiana.

Mi cuarto nuevo es muy amplio y cómodo.

Las fotos que muestran pinturas en la paredes de casas son de un pueblo chiquitico que se llama Dozza.









Thursday, January 04, 2007

Capodanno 2007: Roma - Napoli

Siete días, el número de la suerte de acuerdo a la tradición judeo-cristiana, tardé en escribir mi primera crónica del año 2007.

Pero empiezo por la Navidad (Natale en italiano) y luego les cuento sobre mi paseo de fin de año (Capodanno). Como vieron en las fotos que publiqué el 25 de Diciembre mis fiestas no tienen nada que envidiar a las suyas y de pronto bailé más chucu chucu en Milano que ustedes en Colombia. Bailé bastante, mal bailado a lo rolo (aunque bien alentado por Antioqueño y José Cuervo), y hasta la madrugrada. Mi prima Natalia que aperece siempre al lado mío en las fotos es muy amiga de una colonia colombiana que nos recibió en su parranda en un bar.

El 25 amanecí con un buen merecido guayabo pero bendita fue la Natilla que había preparado el día anterior, más las otras delicias que principalmente hizo Natalia porque el resto estábamos más pasmados que Chepe en la mala y eso ya es mucho decir.

Descansé el 26 todo el día y el 27 me fui derechito en tren a Roma. En Bologna se unió a mi una amiga israelita de la maestría, Maya Merghi, y llegamos por la noche al apartamento de Patty. Como mi amiga no conocía Roma fui guía por dos días (señores manejo Roma ahí verán si aprovechan!), y pude visitar lo que me hacía falta: la Capilla Sixtina (que está dentro de los Musei Vaticani) y los Fori Imperiali. Ahí puse un par de fotos medio clandestinas, pero sin flash (tampoco soy tan atarbán), del Juicio Final y la Creación del Hombre de Michelangello. Eso sí paraentrar al museo hice la cola más larga de mi vida -espero- que es como seis veces de la que se ve en la foto. Por su parte los Foros son en realidad el centro de la Roma imperial en donde se encontraban los principales templos y la Curia es decir, el Senado.

El 30 por la mañana salimos en el primer tren a Napoli con Patty y llegamos temprano a la estación central. Los pueblos vecinos a Napoli daban la impresión de estar pasando por Melgar o Anapoima, bueno tampoco, pero tenian el mismo estilacho. Ya me habían advertido sobre lo particular que era Napoli, pero nunca me imaginé que al salir de la estación me sintiera como en plena Carrera Séptima con Jiménez. Llena de vendedores ambulantes y dejando un pequeño espacio en la acera para caminar, la calle vuelta m... al igual que la plaza, Piazza Garibaldi, por la construcción del metro.

Así, como no habíamos hecho una buena investigación sobre hoteles u hostales, tuvimos que caminar por un largo rato por la vía principal de la ciudad preguntando precios. La otra cosa que le advierten a uno antes de visitar Napoli es que tengamos cuidado porque los Napolitanos siempre están buscando la forma tumbarle a uno. Hace un mes supe que a unos estudiantes les dio por comprar una cámara allá y cuando llegaron al hotel encontraron en la caja una linda piedra. Pobres diablos!!! Pero ahí si quién los manda?, se les dijo, se les adivirtió... En fin, en uno de los lugares que preguntamos, cuyo nombre (Las Orquídeas), color de las paredes (verde oliva, perfecto para el nombrecito) y tono de voz de la señora que nos atendió (igualita a la del Padrino) no olvidaré jamás, pretendían que aceptarámos una habitación en la cual el único problemita era que todas las puertas de los cuartos (son hoteles chiquitos, de no más de 5 habitaciones) tenían que permanecer abiertas. Qué tal!!! Para colmo de males, cuando estábamos discutiendo (obviamente yo me negaba a quedarme ahí) la señora tuvo el descaro decirnos que "si vinimos a descansar en los sofas, nos largáramos pronto"!!!

Por obtra y gracia de Dios encontramos poco después un buen hotel a un precio razonable, el hostal lo descartamos porque al fin y al cabo estábamos en Nápoles y había que tomar los menores riesgos posibles. Además que un gustico de fin de año no quedaba mal. una vez instalados, inmediatamente salimos a las ruinas de Pompeya. Esta ciudad romana fue sepultada por una erupción del volcán Vesubio en el año 79 D.C. y al ser desenterrada se encontraron templos y casas relativamente conservadas y que hoy en día han sido restauradas. Es inmensa y para recorrerla se requiere todo un día. Tanto que al retornar a Napoli por la noche nos dormimos para que no nos hicieran falta las fuerzas para recibir el 2007.

El 31 salimos temprano en un ferry a Capri una isla que ha sido un refugio para poderosos y ricos desde el imperio romano hasta el día de hoy. La vista de la bahía napolitana es espectular y la punta de la pequeña isla de Capri, el Monte Solaro, al cual se sube por un funicular tipo ski, me ha permitido ver la imagen más espectacular de mi vida. Al bajar del Monte Solaro caminamos un poco por las callecitas de Capri y luego tuvimos un buen almuerzo en un restaurante con vista al mar.

Regresamos por la noche al final de la tarde y lo primero que hicimos fue comprar vino y champaaña para celebrar. Pasamos por la Piazza Pebliscito donde pasaríamos las 12 de la noche. Estaba montado el escenario de la fiesta y en los edificios vecinos proyectaban poemas en inglés e italiano.

En el hotel nos tomamos el vino comimos algo ligero y salimos a las 11 para tener un buen puesto en la plaza. En eso sí debo admitir que pueblo Napolitano fue muy civilizado porque en ningún momento se sintieron empujones sino que cada quien tenía su espacio y respetaba el del resto.

Cometimos el error de tomarnos la champaña al son de la música y nos quedamos sin nada para celebrar las 12. Pero tuvimos la fortuna de que una familia que estaba al lado nuestro nos dio a cada uno un vaso para celebrar y de ñapa Paneton, el clásico pan dulce de Navidad. Como dato curioso me tocó comer lentejas también (y frías!) que traía esta familia porque era para tener un buen año en términos de $$$. Jejejeje, no lo hice tanto por querer hacer plata este año sino porque en verdad me dio pena no recibirles sus lentejitas jajajjaja.

Santamos, cantamos bailamos antes de las 12, durante las 12 y después en un concierto que duró más de dos horas. Estábamos rodeados de unos 15 mil personas que además no olvidaron que fueron campeones del mundo, y cantaban "Siamo campioni dei mondo!".

Luego, cuandos nos aburrimos del concierto del señor Massimo Ranieri (que equivale a lo que para nosotros será el Puma), caminamos a un castillo al lado del mar, Castel Del' Ovo, desde donde salieron fuegos artificiales por media hora desde las dos de la mañana. Cuando se acabaron seguimos nuestro camino hacia la Marina, pero paramos un buen rato en una calle donde había una banda de tambores, sonaba como el Carnaval de Río. Esto no era parte de la celebración organizada por la ciudad pero fue muy emocionante, era una calle inmensa de gente rodeando los músicos y bailando (bueno, intentándolo porque los europeos son más tiesos que los bogotanos) por horas.

Finalmente decidimos seguir nuestro camino a la Marina donde había una fiesta inmensa con música dance y pop. Ahí estuvimos hasta las 5 y media cuando no pudimos más.

El 1 de enero me recibió con un delicioso desayuno y por la mañana salimos a conocer Napoli de día. En realidad no es una ciudad particularmente linda, no tiene esculturas para destacar y tampoco sus iglesias sobresalen. Lo divertido es el ambiente que se vive en sus calles, que en realidad es muy parecido a lo que uno encuentran en Latino América. Desgraciadamente la plata no alcanzó para más y más teniendo en cuenta que el 1 de Enero los trenes, buses y ferries que van a las poblaciones vecinas a Napoli -que habíamos proyectado visitar- no estaban en funcionamiento. Así que volvimos a Roma donde nos quedamos dos días más, esta vez sin tanto afán turista, recorriendo las calles con calma. Tuve la oportunidad de comer en el barrio Trastevere con mis compañeros de viaje y con mi amigo Antonio con el cual nuevamente hablamos de política y de Notre Dame.