iente para conocerla", es una ciudad que no necesita muchas palabras para ser descrita. Es sencillamente es espectacular. Tuve la fortuna de caminar por sus calles por horas, a veces perdido, a veces muy ubicado, muchas horas solo y en otras ocasiones acompañado.Tengo otra gran fortuna, tener un amigo en Roma, Antonio Di Napoli, que me recibió en su
casa sino que me hizo parte de su familia por cuatro días. "Ache servono gli amici", "para eso están los amigos" dice él. Tuve la oportunidad de hablar con él de todos los temas, de conocer a su familia, de caminar por la noche por las callecitas del Trastevere y hasta d
e jugar fútbol 5 con sus amigos. Antonio es un apasionado de la política, así que podrán imaginar que el tema monopolizó nuestras charlas. Además, no solo le apasiona sino que está muy involucrado en la política y por eso fue interesante conocer detalles de cómo funciona la política italiana. Por otro lado, pude percibir que la política en Roma está en todas partes, es decir, es posible ver carteles, murales, y manifestaciones en cad
a pared. Incluso hay barrios que históricamente son de alguna tendencia, como es el caso del Barrio San Lorenzo que de izquierda (donde vive Patty, la novia de Tamayo, que a propósito también pude visitar y quedé muy impresionado de cómo se ha adaptado!). De modo que el socialismo y el fascismo como ideologías no solo no han sido superadas sino que son muy populares entre los jóvenes.La ciudad le recu
erda a uno que uno es menos que un grano de arena en el mundo y en la historia. En cualquier esquina uno se puede encontrar una joya histórica.El jueves llegué por la noche y fui a dar una vuelta en carro con Antonio en su carro y luego cenamos en un restaurante típ
ico. El Viernes caminé en el centro histórico, pasé por Piazza Spagna, Piazza Navona, Piazza Venzia, el Altar de la Patri -monumento fascista que mandó construir Mussolini y que desentona bastante- , el Pantheon, la Fontana Trevi entre otros.Por la tarde me encontré con la hermana de Antonio, Jessica, y fuimos al Colesseo -cuyo verdadero nombre era el Amphitheatrum Flavium- y a los Foros Imperiales. Tal vez esstos últimos -junto con la Fontana Trev
i- causaron en mi la mayor impresión de to
das.
Al siguiente día fui muy temprano al Vaticano, con una amiga de la Universidad -Carolina Olarte, que está estudiando en Roma- visité la Basílica de San Pedro -vi todo con mucho detalle y subí a su cúpula donde se puede ver toda la ciudad- y fui a las tumbas de los Papas. Lo impactante es que la visita termina siendo un viaje al pasado, un viaje a la historia de la humanidad que le marca a uno el alma.









