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Las pequeñas diferencias
Uno se da cuenta que no está en su país cuando empieza a encontrar pequeños detalles extraños en las costumbres o en la organización de una ciudad o país. La cultura italiana, como les he contado a varios, se parece mucho más a la latina que cualquier otra. Sobra mencionar las grandes diferencias como el idioma, la organización (no tanto, la burocracia es incluso peor), el dinero que se ve en las calles y la tradición cultural. Por eso, esta vez quiero concentrarme en los pequeños detalles que me han llamado la atención. En primer lugar, los italianos son bastante cómodos, aquí nadie trabaja un domingo y consecuentemente es difícil encontrar algo abierto, ni si quiera los supermercados. Así que si a uno se le olvidó comprar la leche, no hay tienda de la esquina ni Carulla 24 horas que lo salve.
La platica hay que administrarla bien porque todo cuesta tres veces su precio en Colombia. Para que tengan una idea de los precios en Bologna, esta es una lista de los bienes y servicios que debo comprar normalmente:
- Un tiquete de bus: 1 euro
- Un combo McDonald’s: 5 euros
- Pizza y gaseosa: 5 euros
- Una fotocopia: 5 centavos de euro
- Comida en un restaurante: entre 20 y 25 euros mínimo.
- Cancha de Fútbol 5 por persona: 8.5 euros
- Tarifa de taxi (a partir de la cual empieza a marcar): 3.10 euros
- Una cerveza en un bar: 3 euros (tamaño normal)
Otra diferencia, tal vez conocida por algunos, es que en los supermercados hay que traer sus propias bolsas plásticas o comprarlas. La otra cosa con la comida es que uno encuentra secciones del mercado de 30 metros dedicadas exclusivamente a la pasta.
A parte de los costos y la comida, algo que me ha llamado la atención es que los italianos no tienen problemas en hacer demostraciones públicas de amor, así que si uno pasa por cualquier parque uno ve una vieja montada encima de un tipo en una silla, cero pudor.
Por otra parte, en los apartamentos, el primer piso no es el primero, sino el cero. Luego el segundo piso, para ellos es el primero y así sucesivamente. Los ascensores son muy raros, son viejísimos, y cuando se abre la puerta del ascensor uno tiene que luego abrir otras dos pequeñas puertas. Por otra parte, encontrar una dirección es muy difícil, porque todas tienen nombres, no hay números así que el uso de mapas es indispensable.
Bueno, para terminar, les cuento que mis primeros días en Bologna han sido bastante tranquilos. Mi compañero de cuarto, alias “Joey”, resultó ser un buen tipo. Sus costumbres no son chinas sino europeas porque ha vivido y estudiado casi toda su vida en Europa. Tiene una personalidad muy tranquila y es muy respetuoso, así que compartir el cuarto con él no será un problema.
Mi apartamento queda a 10 minutos en bus y a unos 35 caminando a buen paso. Está ubicado en un barrio de clase media muy tranquilo donde he visto varios supermercados baratos y tienditas tipo china town.
Todos los días he salido, así sea a tomarme una cerveza, en verdad estos personajes van a un ritmo al que no estoy acostumbrado. Me he vuelto muy amigo de mi roomate y de otros dos estudiantes de la maestría, Sukanya una hindú y con Patrick (alias Paddy) que es inglés. Hemos caminado por todas partes y nos hemos perdido en la ciudad varias veces. Pero Bologna no es tan grande así que ya la recorremos con más confianza.
Hoy tuve mi primer partido de futbol 5, e hice varias veces mi clásico enganche, jejeje, aquí funciona mejor.
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