Monday, December 04, 2006

Venezia y punto

Sentado en el tren (tan solo 8 euros la ida, para que les de envida!) me sentía tan ecomocionado como en primaria cuando el colegio nos llevaba al Parque Sopó y a uno le parecía la gran aventura. Además, como todo paseo de colegio, muy juicioso alisté la clásica bolsita con una manzana, unas papas y un jugo. La temperatura ha bajado mucho en Bologna (a las 9am del sábado estaba como en 5º) pero tenía la impresión de que en Venezia iba a ser peor por el viento. Tuve suerte porque la Serenísima me recibió con un cielo despejado y un sol radiante como pueden ver en las fotos.

Le estación de tren S. Lucia lo deja a uno parado directamente en Canal Grande que es la arteria principal de Venezia y que divide la ciudad en forma de una ¨s¨inviertida. En frente de la estación está la Iglesia de San Simeone Piccolo, que con sus columnas dóricas y cúpula verde (era de cobre pero en el siglo IX seguramente no contaban con la lluvia ácida) le recuerda a uno que tan solo es el comienzo de una visita increíble.

En Venezia vive Juan Jacobo Molina, el hermano de nuestra queridísima Stefi, que vive en Italia desde hace 6 años. Muy amablemente me hospedó de sábado a lunes y realmente gracias a él conocí esta ciudad de 117 islas, 150 canales y 400 puentes de una manera muy espcial y diferente.

Como todos sabemos, en Venezia no hay carros ni buses, todo se hace a pie o en los vaperettos que circulan por el Canal Grande y bordean la orilla de venezia. Pero, acostumbrado a preguntar "dove posso prendere il autobus?" en otras ciudades, olvidé ese pequeño detalle cuando le pregunté a la señora que vende los boletos del vaporetto (cada viajecito cuesta 5 euros, auch!) donde podía subirme en el autobus 51, ! no se imaginan la cara de asombro de la señora! El caso fue que llegué sano y salvo a la parada del bus (que a diferencia de otras paradas de buses en el mundo, flota y se balancea al son del mar Adríatico) en Giardini donde 1o minutos después apereció sonriente Juan Jacobo. Me confesó después de unos minutos que había había estado de fiestas el día anterior (había entregado un trabajo de dos años el miércoles) y que tenía guayabo. Pero, contrario a lo que esperé no le faltaron ánimos para enseñarme los secretos de la ciudad. Después de un buen almuerzo (que nos costó 20 euros a cada uno, auch!) para salir a recorrer las callecitas y canales de Venezia. Lo cual aprecié mucho, porque como luego pude comprender, él es bastante alérgico al turismo. Igual que el resto de personas que habitan la ciudad, que se sienten invadidos por miles turistas... Juan Jacobo se sientía incómodo cuando caminaba de día por las calles más famosas... como si hubiera un personaje con cámara y morral tomando fotos en plena sala de la casa de uno todo el día! Pero la existencia de esta ciudad, desgraciadamente estará atada al turismo. Hoy en día Venezia corre el peligro de convertirse en una especie de Disney World del siglo XII, pues todos los que la habitan viven directa o indirectamente del turismo y el 90% de las personas que se ven en las calles son turistas. Los jóvenes que nacen y estudian allá generalmente emigran a otras ciudades simplemente porque no pueden ejercer sus profesiones. La ciudad es interesantísima porque cuando uno pone un pie en ella uno se transporta al pasado. Entre otras, porque la infraestructura de la ciudad podía ser muy atractiva hace siglos: se construyó sobre un lago (más precisamente, sobre una zona muy pantanosa) que fue disecado y que les permitió tener una defensa natural contra los bárbaros y por otra parte su posición geográfica le permitió ser el puente comercial entre Occidente y Oriente. Pero ahora, ninguna compañía quiere instalrse en Venezia con fines distintos al turismo. Es una ciudad lenta que parece estar condenada a no poder adaptarse al futuro.

Volviendo a mi paseo, el sábado básicamente caminé toda la tarde y de vez en cuando parábamos en un café o en una trattoria por un rosso. De modo que para el final de la tarde ya estábamos bastante alegrones y seguimos así vagabundeando por ahí, encontrándonos con amigos de Juan Jacabo en las callecitas, parando en cafés y cambiando a un amaro, hablando de cosas serias y en ocasiones riendo por horas. Caminar de noche por Venezia es muy estimulante, no hay turistas, la ciudad está iluminada y uno puede imaginarse que retrocede varios siglos en la historia. El domingo, fue de reposar y digerir el día anterior (algunos le llaman a eso guayabo). Aunque no me perdí de mucho porque todo el día llovió e hizo muchísimo frío.

En todo caso, el cuarto en el que dormía era bastante agradable así que dormí hasta muy tarde y luego me senté a leer un buen rato (sí que pena, hasta en Venezia me siento a leer cuando puedo). Cuando volví a Bologna el lunes la ciudad me recibió con un gran concierto en la plaza central. La pasé muy bien con mis amigos de la maestría pero eso lo dejaré tal vez para otra ocasión!

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